LA SIMULACIÓN HIPÓCRITA NO ES VIRTUD PARA UN FUNCIONARIO PÚBLICO 

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Mientras muchos todavía celebran resultados y otros tantos hacen lo mismo con increíble hipocresía, los dueños de los votos presenciamos un escenario dantesco de una competencia de poderes que de seguir así, incluso con los resultados sobre la mesa, no nos llevarán a ningún puerto.  

Señores: terminó la campaña y pasaron las elecciones legislativas. Antes de ponerse a trabajar pensando en el Congreso, les acercamos un ejercicio: respiren, tomen asiento, relajen en cuello y, tal vez les sea beneficioso un trago de agua (solamente). Si ello permite una mejor escucha, tan necesaria para con quienes les ha tocado el honor de servir, les queremos contar que en estas elecciones y lejos de sus discursos perdieron: los abusos, las desmesuras, las irracionalidades, las injusticias, la ineficiencia sistemática, las corruptelas de todo nivel, las negaciones y la sed de poder eterno.  

Pero lamentablemente, a la vista de esta señal de fin de ciclo, los votos no lograron callar en lo más mínimo a los relatos militantes y separatistas, asistiendo a un hecho que puede ser analizado por cualquier organismo vivo. La teoría de la evolución, hecho meritorio mal que le pese a muchos, se podría ver desmoronada en la argucia de nuestros dirigentes -desde los más encumbrados a los más aficionados- por la hipocresía expuesta y siendo el penoso hazmerreír al manifestar algo inexplicable.   

Una simulación puede ser una habilidad necesaria y perfeccionada para engañar, pero está más que claro que no es un recurso para generar progreso.  

No sabemos si se entendió o tal vez tengamos el beneficio de dudar si lo harán. Todo lo que dijimos que iba a pasar, sucedió. Los espejitos, disfrazados de “platita” y tantos otros objetos, se hicieron presentes pero el ciudadano y sus derechos también castigaron ese accionar que evidenciaba sólo la necesidad de salvar el puesto que creen tener “in eternum”. 

Más allá del cinismo por explicar engañosamente quiénes los votaron, los ayudamos con otro análisis diferente: tal vez los votos sean de quienes generan los recursos con los que se mueve y avanza este país genuinamente, ¿no les parece?  

Así las cosas, puede ser que sea hora de honrar a quienes arriesgan su capital, quienes se dignifican con un empleo, quienes prefieren ser independientes y emprendedores o los que eligen desarrollarse sin tener que denigrar su libertad.  

Son funcionarios al servicio de la comunidad y eso no necesariamente tiene que ser eterno, menos aún con pésimas calificaciones. Pueden engañarnos un tiempo, pero los votos no los hacen dueños del estado. Este fin de semana nuevamente les dieron una señal que no quieren ver.