PROHIBIR COMO ESTRATEGIA DESTRUYE LA PRODUCCIÓN 

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El decreto dado a conocer el primer día hábil del año prohibiendo la exportación de siete cortes vacunos, en lo único que atiende al reclamo de los productores es en la liberación de las vacas y toros de descarte. Pero, en su lectura completa, vemos los mismos mecanismos repetidos en otras palabras y las intenciones de siempre que luego no se concretan.  

El cepo o la prohibición, aunque sea parcial, no es una medida de aliento. Todo lo contrario, pues agrega incertidumbre y desconfianza en quienes producen, lo que se traduce en disminución de la oferta de hacienda necesaria, que ayude a mitigar en parte los precios al mostrador para el consumo interno. 

Nada cambiará para el bolsillo de los argentinos y menos aún para la proyección de los emprendimientos de los productores. Infinidad de veces reclamamos fomentar la producción, bajar impuestos y acompañar al sector. Pero persisten en repetir esquemas y estrategias que ya han demostrado que no son eficaces. 

El decreto no garantiza en absoluto una baja o estabilidad de los precios, porque no atiende a la mejora y aumento de la producción de carne bovina de consumo de nuestro país, cuida las cuotas para unos pocos, crea “comisiones y un observatorio”, que conocemos en qué terminan o para qué los utilizan y, ligeramente, menciona la convocatoria del productor como si fuera una parte minúscula de la cadena.  

Los primeros sentados a la mesa deben ser, como lo debieron ser antes también, las entidades que agrupan a productores junto a la industria. De hecho, si las reuniones empezaran por quienes producen, además de generar la confianza necesaria tendrían como aliados del proyecto a la mejor de todas las partes del negocio, que justamente es la materia prima. Por el contrario, es siempre lo mismo y son siempre los mismos quienes deciden, excluyendo la producción primaria. En vista de lo oficializado, la medida se preocupa más por las industrias concentradoras que por toda la cadena. 

Producir carne requiere inversión, trabajo, mucho tiempo y riesgo. Un país que quiere sostener y proyectar sus modelos de economías debe involucrase con las bases de la sustentación del mismo. Habría asado para todos los argentinos, más ingresos de divisas por exportación, más trabajo para toda la cadena, tendrían reuniones más productivas sin eje en restricciones y hasta seríamos más sustentables reduciendo los costosísimos gastos en funcionarios dirigiendo onerosos organismos burocráticos, que retrasan años en un mundo del que podemos ser protagonistas.