SEQUÍA Y CARGA IMPOSITIVA: LA FÓRMULA DE LA DESOLACIÓN PARA EL NOROESTE CORDOBÉS

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Las Sociedades Rurales del Arco Noroeste de la Provincia de Córdoba, vienen trabajando de manera sostenida, fortaleciendo sus vínculos y analizando la problemática de la región. En su último encuentro, el pasado jueves 25 de enero, analizaron un tema que parece no tiene fin: la sequía. 

Se pudo comprobar que, si bien en muchos lugares de la provincia han tenido precipitaciones los cultivos, la situación imperante en el noroeste cordobés se presenta bajo las mismas características y condiciones climáticas que las ocurridas en la región en los cuatro años anteriores con ausencias de lluvias.

Lo normal para la zona era tener los primeros episodios hacia finales de primavera, logrando los picos a principios de verano e ir disminuyendo; para finalmente volver a aumentar al cierre del periodo estival y principios de otoño. Pero, en la actualidad el fenómeno no sólo muestra una disminución en cantidad de agua precipitada, sino que también ha cambiado su distribución. Se registra un notorio desfasaje, donde las lluvias han producido más tarde de lo habitual, con menor milimetraje y en algunos casos chaparrones torrenciales acompañados de granizo.

Todo esto ha afectado el desarrollo de las pasturas estivales, tan importantes para la ganadería de la región, ya que desde su germinación, para completar su ciclo de crecimiento y producción de forraje, necesitan de humedad, temperatura y horas de luz. Así, al haberse dado este retraso en el comienzo de las lluvias, se demoró su siembra, su crecimiento fue escaso por la falta de humedad y al estar transitando el período de acortamiento de la duración diurna, las pasturas anticipan su desarrollo y decadencia. 

En conclusión, tenemos menor cantidad de forraje disponible en este momento y con pocas probabilidades de poder conservar algo del mismo para el período invernal. Es decir, se anticipa, una vez más, la falta de alimento para el ganado.

Pero no termina allí, la combinación es más preocupante si sumamos la poca recuperación de los acuíferos, que impacta directamente en la disponibilidad de agua de las napas, con arroyos totalmente secos o con muy escaso caudal.

Nuevamente el productor va tener que tomar la difícil decisión de vender anticipadamente animales, con bajo peso, liquidar hembras y su consecuente descapitalización.

Las condiciones climáticas tampoco han sido favorables a los agricultores. Debido al granizo, algunos de ellos debieron resembrar los cultivos, algunos hasta en tres oportunidades.

En la zona de Villa Dolores, los productores de papa, tampoco están teniendo una buena temporada. Debido a la sequía, el agua de riego proveniente del Dique “La Viña”, está siendo restringida y sólo reciben un 30% de lo que normalmente usan en sus cultivos.

Históricamente el impuesto inmobiliario rural, vencía en el mes de mayo, pensado que en ese mes el productor había podido vender su producción de terneros o tenía parte de su cosecha de grano disponible. 

Arbitrariamente el fisco provincial decidió pasar el pago de la cuota única, para el día 14 de febrero próximo. Y en el caso de que el productor decida pagarlo en cuotas, la primera cuota tiene vencimiento en la próxima semana y las siguientes se irán indexando de acuerdo a la inflación, otra incertidumbre más para la toma de decisiones. 

En estas condiciones, de sequía y alta carga impositiva, los productores decidieron solicitar a las autoridades rever y extensión la declaración de Emergencia Agropecuaria o Desastre Agropecuario para la región. 

Con una particularidad para este nuevo caso, dónde también se pretende que no se repita lo situación anterior, en la cual se declaró la emergencia por polígonos, partiendo un mismo departamento y determinando una zona sí y la otra no. 

Se necesita de un verdadero compromiso por parte de las autoridades para relevar la situación actual, pensando en el futuro inmediato, con vista al invierno y, luego, trabajar en el mediano y largo plazo. 

Lo más importante, consideran, es que se escuche la voz de los productores involucrados, que vayan a la fuente y evalúen datos contrastando a campo. No toda decisión se puede tomar desde un escritorio de una oficina en la capital mediterránea con solamente las imágenes satelitales y la lectura de estaciones meteorológicas que están a decenas de quilómetros de distancia unas de otra. 

Los productores necesitan ser escuchados, ellos conocen la realidad y también pueden sugerir distintas formas de colaboración. El objetivo final es trabajar en conjunto para salir de esta situación crítica y seguir produciendo en el lugar, evitando el temido desarraigo que ni los productores, ni los trabajadores de los campo quieren.