UNA VEZ MÁS, LA POLÍTICA LLEGA TARDE

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Los estímulos productivos para proyectar cualquier sector de la economía deberían ser proactivos y no reactivos. La estrategia tendría que ser anticiparse a un acontecimiento, no responder como un predicador milagroso cuando la desgracia ha sucedido.

Provoca cansancio, desconcierto y hasta impotencia escuchar propuestas de solución, cuando quienes las presentan tienen que hacer un esfuerzo mental para tratar de explicarlas como una ayuda, siendo que se entienden como un matafuego llegando al incendio en la guardia de cenizas.

En lugar de haber solidificado el camino, sentimos que quienes gobiernan los destinos públicos utilizan a los organismos del Estado, ocultando con supuestas ayudas su inoperancia previa. El denominado “dólar soja” es un claro ejemplo de ello y por más conocido. Negocio de grupos concentradores y una ruina para la economía general, perjudicada con alzas de precios, sumado a una operación malísima para el Banco Central, que no pasaría un solo examen de economía doméstica.

Ni hablar de que el problema no es una paga mejor por inoperancia del Estado y la timba generada, sino que en las malas habría que pensar en eliminar impuestos a los sectores productivos. Pues, como es sabido, el productor está cosechando para pagar los gastos de una cosecha en sequía y el Estado, a modo de socio sediento, obtuso e idealista y sin poner nada, se lleva una tajada del 35% de la producción bruta independientemente del resultado, y sin lograr nada bueno con ello -no está de más recordarlo-.

Y ese nivel de cinismo no para y se puede ver también en un ejemplo reciente. Hace sólo unas horas, se anunció en la provincia de Córdoba un crédito al sector agropecuario para compra de maquinaria. ¡Sí, leyó bien!

UN EJEMPLO NUESTRO CON NÚMEROS REALES

>> El capital de trabajo necesario para que funcione el sector, que es el dinero para pagar insumos, empleados, maquinaria, mantenimiento, servicios de terceros y públicos -agua y energía-, en la actividad del agro se mide como “capital de trabajo necesario para sembrar una hectárea”. En el caso de la soja, el valor es de 300 dólares y 550 en el maíz -ambos en valores oficiales, $224/u$s al momento de escribir estas líneas-.

>> La superficie agrícola de la provincia de Córdoba es de 7,24 millones de hectáreas, distribuidas entre 3,94 de soja y 3,3 de maíz. Así, el capital de trabajo invertido por los productores en toda la provincia de Córdoba para la siembra, es de 2.997 millones de dólares -sólo en Soja y Maíz-.

>> Con el avance de la cosecha se reafirma que el daño por la sequía será del 50 por ciento, que implica para los productores cordobeses una pérdida en torno a los 1.500 millones de dólares en esta campaña.

>> Entonces, imaginemos la mirada de las familias cordobesas, que dependen de esta actividad de manera directa e indirecta, cuando escuchan anuncios grandilocuentes de préstamos a tasa negativa del Banco de Córdoba por 21.000 millones de pesos o su equivalente a unos 93,75 millones de dólares, que representa la ínfima cifra del 6% -de los 1.500 millones de dólares- del capital de trabajo perdido por sector agropecuario en nuestra provincia. ¿En serio, con el sector quebrado, piensan que la solución es comprar maquinarias agrícolas cordobesas?

>> Se intenta instalar en la sociedad que el Estado ayuda a los productores y la realidad es que ni el Estado Nacional ni el Provincial están dando soluciones; sólo son anuncios autocomplacientes.

>> El mensaje es un engaño para la sociedad y un chiste para cualquier tipo de productor agropecuario, sin importar el tamaño de explotación o actividad a la que se dedique. Pues, el Estado le está diciendo que “lo acompaña a comprar maquinaria para su campo”, mientras ese mismo productor está pensando en cómo le paga al almacenero de la esquina y si puede cubrir los cheques de esta horrible cosecha.